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El traje tradicional gallego es el que se usaba a diario para realizar las actividades cotidianas hasta bien entrado el siglo XX. Existen muchas diferencias entre los trajes usados para trabajar o para los días de fiesta y celebración, entre los usados en el interior de Galicia con respecto a los que se usaban en la costa. El traje ha evolucionado a lo largo del tiempo y se fueron establecieron diferencias entre clases socio-económicas que se vieron muy influidas por la moda y la introducción de nuevos materiales de confección. A pesar de estas diferencias es posible establecer unos patrones comunes en la indumentaria gallega.

HISTORIA

En el estudio del traje gallego influyen muchos factores distintos, la evolución histórica del país, los gustos y modas de cada época, la industrialización, cambios en el estilo de vida, la emigración… El traje gallego se comenzó a recuperar hace más de 100 años cuando se fundó la Sociedad Folklórica Gallega, gracias a intelectuales gallegos de la época como Emilia Pardo Bazán o Manuel Murguía. La idea surgió porque vieron como desaparecía la identidad de nuestros paisanos (de lo que nos caracterizaba como gallegos) al ir abandonando la vieja indumentaria y tejidos que habíamos vestido y fueron pasando de padres a hijos. También los cantos y los bailes que nos identificaban dejaban paso a los de la moda de entonces.

Uno de los factores que nos benefició a la hora de conservar nuestra riqueza etnográfica fue el aislamiento geográfico de Galicia, que hizo que las nuevas corrientes e influencias tardasen más en llegar. Para estudiar el traje gallego es mejor diferenciarlo por las regiones naturales y comarcas antiguas de Galicia, alrededor de . Porque aunque burocráticamente se hubiesen creado otras con nombres parecidos, en la memoria colectiva de la gente de las aldeas, perdura hoy en día el nombre de la tierra a la que pertenecen. Sus hórreos, su variante lingüística, su arquitectura popular, sus haceres cotidianos son inconfundibles aún hoy en día.

Bases sobre el traje popular gallego

Tal vez en Galicia se podría hablar de un sólo traje popular, ya que las prendas más usuales, tanto en las mujeres como en los hombres son prácticamente las mismas, a excepción de las comarcas limítrofes con el norte de Portugal y en la actual provincia de Ourense, donde existen prendas comunes a ambos lados de los límites fronterizos, propias de esas tierras y no influenciadas por las culturas vecinas como erróneamente se cree.

La mayoría del traje popular está confeccionado a base de diferentes hilados del lino y lana, que reciben distintos nombres según el tejido con que se hayan realizado; tales como picote, candil, sanel, estameña, cúbica, nazcote, estopa, lenzo da casa, baeta, etc. No podemos olvidar aquellos que nos llegaron de otras culturas, tales como los terciopelos, los merinos, los paños de Béjar (sedán), los de Segovia, de Tarazona o el de Torrejoncillo.

Para cada prenda, existía un tipo de tejido y cada tejido, según su acabado y su elaboración estaba destinado a uso diario, dominguero o ceremonial. En cada comarca ese mismo tejido recibe diferentes nombres y diferentes aplicaciones, según el estado social de la portadora o según la clase social de la misma.

Claro está que una moza de la clase social de los señores no podía vestir de picotes, ni una labradora podía aspirar a vestir "la moda".

Muchos eran los estados sociales que el pueblo gallego mantuvo durante siglos, o sea el estado en que se encontraba una persona durante períodos de su vida y este estado se marcaba físicamente a través de la indumentaria.

Hoy entre nosotros sólo perdura el luto y el alivio, pero muchos estados quedaron reflejados a lo largo de los tiempos en la indumentaria tradicional gallega; como la soltería, el petitorio, casados, viudas, ausencias, lutos perpetuos, etc. y llegaron a nuestros días prendas que confirman estos estados, tales como pañuelos de petitorios, mandilones de luto perpetuo, sayas de casadas y solteras, mantelos y dengues de ausencias, etc.

La sociedad marcaba sus propios deberes y quehaceres a través de la tradición oral. Los petrucios, que eran los mayores del lugar, marcaban la moda tradicional aunque permitían ciertos atrevimientos en los cortes y hechuras de las prendas, sobre todo a las mozas solteras, sin salirse de la tradición marcada generación tras generación, pero debiendo guardar la compostura, el recato, el colorido y el significado ancestral de cada prenda. Nunca criticaban adornos o bordados, pero si el atrevimiento y la osadía de vestirse con prendas de otra clase social.

Aunque una moza de una clase social determinada tuviese medios para adquirir prendas de "moda", podría mejorar su indumentaria con paños y tejidos de primera calidad o bien paños adquiridos en mercados foráneos y decorar ricamente sus prendas, pero nunca vestiría indumentarias que no fuesen de su clase.

Cada pieza de ropa podía mejorarse en calidad, si fuese para uso de los domingos o para uso ceremonial, la mejora residía en la riqueza o calidad de los paños y tejidos o en el ornamento de aderezos y collares.

En el transcurso de los años, los petrucios perdieron su autoridad, el concepto fue cambiando y se introdujeron tímidamente prendas nuevas en la indumentaria que la transformaron por completo.

La revolución industrial abarató y llenó mercados y ferias de un nuevo tejido denominado "percal".

La aparición de los telares mecánicos cambió el rumbo de traje artesanal y tradicional, dejando paso automáticamente a la moda o, mejor dicho, a la comodidad de vestir prendas más parecidas a las usadas por clases sociales más acomodadas, de hechuras tal vez más sencillas y dejó paso a la variedad de vestidos, sobre todo jugó una buena baza a la coquetería en la nueva mujer del siglo XX.

Producto del mundo rural en que se integraba, que modelaba su propio equilibrio, precisaba poco de ir a buscar fuera del círculo local y encontraba todas las soluciones en aquello que la tierra generosamente daba. El lino, la lana, tratados, hilados y tejidos en casa según el saber centenario, los secretos de las plantas que hacían los mejores tintes, las formas, las combinaciones de colores, los significados, los usos, los símbolos, estaban consagrados por la antigua tradición, afinada a lo largo de las generaciones y transmitida con el propio pulsar del ritmo de la casa.

Aquella tradición no anulaba la inventiva y gusto personal, ella marcaba el camino, pero cada mujer lo recreaba dentro de sí. Y en esta harmonía estaba su sentido, su nobleza y la ley de la belleza.

Como otros aspectos que integraban el vivir antiguo del pueblo, el traje característico tradicional de cada tierra acabó como elemento de pleno y natural sentido, es hoy una reliquia del pasado que duerme inerte en las antiguas arcas, donde se exhuma apenas para figurar en carnavales, en fiestas en grupos folklóricos.

Hoy, todo esto acabó, los tejidos vienen de las fábricas, el traje regional dejó paso a la moda, igual por todas partes; y en esta nueva orden me pregunto ¿ donde esta el individuo y su originalidad?.

Pérdida de la identidad gallega en la vestimenta


Como comenzamos hablando, los intelectuales gallegos quisieron recuperar el verdadero traje gallego, pero el problema que se encontraron fue que en el momento que la cultura popular pasa a ser recuperada por las élites urbanas se produce una alteración de lo que se quiere recuperar. Ya sea por los diferentes valores estéticos, por cuestiones ideológicas y de moralidad o por la falta de práctica, este proceso ocurre en todo el mundo desde que, en los siglos XVIII y XIX, comenzó la recuperación de estos elementos de folk.

A comienzos del siglo XX Perfecto Feijoo crea los primeros coros gallegos: en Ferrol el Toxos e Froles y en Pontevedra, Lembranzas Galegas; para que no se perdieran aquellas costumbres ancestrales. Recopilaron datos de mucho interés tradicional y material de carácter folclórico y comienzan a dar con mucho éxito las primeras exhibiciones en público, sobre todo para gente culta y urbana de aquel entonces. No obstante aquellos cantares y aquellos indumentos les empezaron a parecer grotescos y demasiado rústicos. Pasaron entonces a usar trajes más acomodados y a cantar creaciones polifónicas de ritmo y melodía gallega, compuestas por compositores de la época que estaban en boga, abandonando así en principio idealista que los había unido.

Las señoritas dejaron de usar aquellos zagalejos de gruesas lanas e incómodos refajos de picote y pasaron al uso de la enagua. Trajeron mozas de las aldeas, como si de indígenas se tratara, para ver cómo vestían y cómo colocaban las diferentes y desconocidas prendas del traje aldeano.

Más tarde aparecerían agrupaciones parecidas con la misma la misma ideología tales como Educación y Descanso, Sección Femenina y grupos de creación espontánea. Sin duda se había abandonado el camino que conducía a una auténtica exaltación y continuación de aquellos modos antiguos y colectivos de ver y hacer las cosas, motivado por grandes cambios en la sociedad, tales como nuevos medios de comunicación, accesos, nuevos métodos agrícolas, etc.

Grupos como los de la desaparecida Sección Femenina, comenzaron sobre los años 40 y 50 a hacer trabajos de campo por nuestros pueblos y aldeas, aunque hay que agradecerles la labor que realizaron estas mujeres en esa época también son “culpables” de la "folclorización" y los "tipismos" erróneos que llegaron hasta nuestros días en los grupos folklóricos. Uno de los cambios que introdujeron fue el color rojo en las faldas y mantillas para “hacerlo más alegre”, este cambio se puede ver hoy en día y no es “típicamente” tradicional o gallego.

Inicios de la recuperación de las tradiciones


Gracias a que Galicia siempre fue un pueblo tradicional, conservador y respetuoso con sus costumbres y a partir del reconocimiento de las comunidades históricas, nacen en galicia grupos preocupados por “reintegracionar” los antiguos formatos que se abandonaron a principios de siglo. De esta manera se pudo recuperar parte del folklore antiguo, gracias a la tradición oral aunque la mayoría de los informantes estuviesen muy influenciados por la radio y la televisión.

Desgraciadamente, la guerra civil española y sus secuelas mermaron la población y con ella se fueron los mejores gaiteros, bailarines, cantantes... y aquellos trajes de ceremonia guardados en las arcas a principios de siglo por estar anticuados, tuvieron que ser vestidos de nuevo en los años de la posguerra. Con el desgaste de los mismos desaparecieron los vestigios de la antigua indumentaria, llegando a nuestros días alguna prenda que otra, pero ya de relativa antigüedad.

Aun así, a través de recopilaciones hechas a principios de los años 70, tanto en bibliografía antigua, museos, testamentos, trabajos de campo, fotografías, trajes encontrados en antiguas casas de labranza e incluso en grupos folklóricos, podemos hablar hoy en día del traje tradicional gallego.

El traje gallego hoy en día

No fue hasta los años 70-80 cuando se comienzan a realizar trabajos serios para la recuperación del traje a través de recopilaciones basadas en bibliografía antigua, museos, testamentos, trabajos de campo, fotografías, trajes encontrados en antiguas casas de labranza e incluso en grupos folklóricos.

Aunque existan esos trabajos, se siguen manteniendo muchos mitos y errores en la reconstrucción de nuestro traje tradicional. Tendemos a ser vanidosos y competimos por ver quién se viste de manera más espectacular, por lo tanto inventamos elementos y decoraciones que no existían. Se puede corromper la tradición del traje por muchas vías, por ejemplo cuando te inspiras en una fotografía antigua en blanco y negro, las diferentes tonalidades pueden dar lugar a error porque es difícil diferenciar si un color era rojo o negro. A la hora de confeccionar un traje hay que consultar en bibliotecas a los pintores y escritores de la época.

En cuanto a los cambios en el espectáculo, la falta de preparación de las personas que confeccionan los trajes provocan desviaciones en los modelos que se enseñan. Por ejemplo en los grupos de baile casi ninguna mujer va bien vestida, en las saias era muy raro que se pasase de los 4 metros de vuelo, y ahora todos tienen más porque queda más bonito para la interpretación. También hay modificaciones en los materiales y se utilizan adornos en exceso. A otro nivel, uno de los problemas más comunes es la mezcla de elementos de diferentes comarcas.

Como conclusión se puede decir que aunque los grupos de bailarines y músicos de folklore y las personas se esfuercen en vestir con telas de lino confeccionadas en telares manuales y saquen sus diseños de antiguas fotografías intentando no alterar ninguna característica de los trajes de esa época, no están siendo fieles a la tradición sino a un momento concreto de la historia.

La tradición no es algo estático, por tanto no hay que vivir con la mentalidad de pérdida constante. Muchas veces un exceso de preocupación etnográfica produce anacronismos nuevos, como la forma de cantar de algunos niños que imitan el sonido de las personas mayores que carecen de dientes o bailan la muñeira sin levantar los pies del suelo como hacen los ancianos de los que aprenden los pasos. Esa manera de cantar y bailar, caló a la gente, se extendió e incorporó algo distinto.. Todo es susceptible de convertirse en tradición y toda tradición es susceptible de ser revisada con el tiempo.

¿A comienzos del siglo XXI podemos hablar de tradición? Esta misma pregunta se la hicieron los intelectuales gallegos a mediados del siglo XX. Ellos estaban seguros de que la Galicia “eterna” estaba desapareciendo delante de sus ojos. Fue por esta razón por la que la antropología y etnografía gallega vivió una eclosión en forma de desesperación por recoger y mantener esas “tradiciones”. El trabajo de estos intelectuales era en contra del tiempo, una lucha para salvar lo que para ellos era la Galicia “real” que después se enseñaría en los museos. Pero esta Galicia estaba cambiando a la par que ellos trabajaban. Su Galicia de los años 50, que es ahora referencia para los etnógrafos, ya no era lo suficientemente “pura” para personas como Otero Pedrayo que decía que:” la cultura campesina estaba acabada porque había llegado la electricidad a su aldea”. Pero cien años antes que Pedrayo, Murguía ya había anunciado “el inminente fin de la cultura gallega por culpa de la inmigración”.

Con esto queremos demostrar que hay mucha controversia en torno este tema,  lo que es “tradicionalmente” el traje gallego difiere mucho entre las personas.  Lo que es cierto es que hay que intentar mantener una unidad a la hora de confeccionarlos y de vestirse, no se puede ir de “gallega” con unos zapatos de plástico o muy maquillada.

PARTES DEL TRAJE Y CARACTERÍSTICAS

Antes de empezar a hablar del traje gallego, es muy importante dejar claro que sobre el traje gallego existe un tópico bastante extendido: el de la uniformidad, esto es, que hay un traje gallego común. El tiempo y las numerosas investigaciones nos han dado la razón a la hora de no creer en esa uniformidad. Sin embargo sí que podemos afirmar que hubo tendencias en la forma de vestir, sobre todo en el tiempo en el que se usaba el traje tradicional, tiempo en el que la divulgación de modas imperantes era muy difícil. Esta tendencia no se da sólo entre las distintas variantes que puede presentar el traje tradicional gallego, sino entre éste y los trajes de otras zonas de la península o de Europa.

Hay muchas prendas que se catalogan como “típicamente gallegas” que se usan en trajes fuera de Galicia. Por ejemplo, el dengue, esta pieza también aparece usada en Asturias, León, Zamora, Salamanca o Cáceres, entre otras zonas. Otra pieza es la basquiña (desconocida para muchos gallegos) y que en Castilla y León aparece con el nombre de “rodao”.

Las primeras noticias sobre piezas que podamos considerar como constituyentes del traje gallego, tal y como lo entendemos hoy, aparecen en el siglo XVII. Para realizar un análisis del traje hay que acudir a documentos notariales en los que sí hace referencia a las dotes que llegaban a la boda o a las herencias, a fuentes literarias en las que se hacen descripciones de la indumentaria, y al “Libro de entradas del Hospital Real de Santiago”, en el que se detallan las piezas de los que ingresaban en esa institución, tampoco se puede dejar de lado el trabajo de campo con el análisis de piezas conservadas en casas y con fecha XIX.

Las piezas que componen el traje gallego no tienen un origen exclusivamente gallego, ya que, excepto algunos elementos, no se diferencian básicamente de las existentes en otros lugares. Los elementos que nos van a ayudar a cualificar las piezas como gallegas serán, sobre todo, las hechuras y los adornos, y, con todo, esto a partir de una determinada época.

Por este motivo, nos centraremos en el siglo XIX. De esta época ya tenemos o podemos tener un conocimiento más científico de la indumentaria tradicional que de la de los siglos anteriores porque tenemos prendas originales.

Podemos ver como elementos caracterizadores de este período:

  • Aparecen piezas de influencia cortesana en los trajes campesinos.
  • Hay un cambio en el colorido del vestuario. En esta época se torna más oscuro, pues la riqueza y vistosidad deja de depender de los tejidos para hacerlo de los bordados y demás adornos, lo que conlleva que el tipo de tejido y su variedad pierda importancia.
  • Aparecen nuevos tejidos para la confección: raso, terciopelo, damascos que también añaden riqueza al traje.
  • Empiezan a usarse tejidos más finos, especialmente en los trajes de fiesta, y son elaborados industrialmente, como el algodón.

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Partes del traje gallego

Traje femenino

  • Enaguas: Se trata de una prenda interior de influencia cortesana, pudiendo estar su origen en el vestuario urbano y siendo imitado por las campesinas. Normalmente están hechas de lienzo de la casa fino o de lienzo de la feria (normalmente de algodón), pueden tener varias faldas en la parte baja y van adornadas con encajes u otros adornos hechos de ganchillo.
  • Refajo: Es una falda bajera, normalmente de bayeta amarilla, verde, castaña o negra teñida en la casa con colores naturales. Es una pieza de abrigo que viene a sustituir al “faldrellí” de la época anterior. Pueden llevarse varios superpuestos según la época del año.
  • Saya: Es una pieza exterior hecha de lino o picote en el traje a diario, y de paños buenos en los trajes de fiesta. Los colores son muy diversos aunque los más normales son: roja, verde, castaña, amarilla o negra. En los trajes a diario pueden llevar como adorno una zanefa de un color distinto al de la falda, y en los trajes de fiesta cenefas de terciopelo o damasco que pueden ser lisas o hacer diversas figuras; pasamanerías o zócalos pintados con motivos vegetales (posible influencia foránea). Los tejidos usados son diversos: paño de Béxar, de Tarazona, de Segovia, etc...
  • Mantelo: En los trajes a diario es un simple mantelo muy amplio que cubre la falda. También hecho en lino o picote. Para el traje de fiesta normalmente es negro, aunque no faltan ejemplos de mantelos castaños o azules. En el traje de diario no suele llevar adornos pero puede presentar zanefa de una tela de otro color. En el traje de fiesta van adornados con un zócalo de terciopelo o damasco y bordados con pasamanerías. Hay que tener en cuenta que esta pieza constituía, muchas veces, un obsequio del hombre a su futura mujer. Por este motivo suele ser de paño bueno (paño sedán) y para no ensuciarlo en los caminos, muchas veces lo llevaban doblado sobre la cabeza.
  • Delantal: De diversas formas según las zonas.  Están confeccionados en terciopelo o raso en los trajes de fiesta y llevan diversos bordados de pasamanería. En el traje de diario es una pieza de trabajo y, por tanto, no presenta ninguna característica especial.
  • Corpiños y xustillos: De diversos tejidos y formas. Si se llevan como prenda exterior pueden llevar una falda que puede ir bordada haciendo juego con el resto del traje.
  • Chambras y chaquetas: Son piezas exteriores hechas en tejidos de calidad. La “chambra” corresponde a lo que posteriormente se llamará “blusa” y puede ser de diversas colores. La “chaqueta” es, normalmente, negra y muy ajustada al cuerpo. Hecha en damasco, terciopelo o paño puede llegar hasta la luz (torera) o llevar una “falda”. Van atildadas con tiras de terciopelo en los puños y bordeando el cuerpo, y bordadas con pasamanerías.
  • Parlamenta: Es una pieza de lujo en el traje de guarda que viene hacer el papel de los “mandiles de cubrir o lellas” del traje a diario. Se trata de una especie de sombrerete corta con varias faldas. Está hecha en un tejido semejante al del delantal y puede llevar el mismo adorno que él.
  • Mantilla: Se hacen más cortas que en la época anterior. Están hechas de tejido de damasco, de terciopelo o de paño con un zócalo de terciopelo y bordadas con pasamanería, sobre todo estos dos últimos tipos. Las formas más habituales son: rectangulares o redondeadas por un lado. Una forma a tener en cuenta y que puede constituir una supervivencia de la época anterior es el “xábato” o “mantillón” de forma semicircular. También es de destacar que las de luto son siempre muy amplias y sin ningún tipo de adorno (ninguna pieza de traje de luto lleva adorno de ninguna clase) de manera que permitían cubrir completamente la cara.
  • Cofias: Tienen forma de una beca que recoge la trenza del pelo atándose en la parte superior de la cabeza. Están hechas en tejidos finos para los trajes de fiesta: muselina, tul bordado, clarín, batista o hilo muy fino. En el traje de diario suelen ser de lino.
  • Paños: Son de diferentes tipos:
    • De la cabeza: Con distintos motivos decorativos y de distintos tejidos: lana, lino. Normalmente son de colores vivos.
    • De cuello: Normalmente de seda.
    • De pecho o de cubrir: También presentan mucha variedad y, en muchos casos,  son importados: cachemir, seda dibujada, crespón, de seda bordada o Manila, de seda inglesa, etc...

Traje Masculino

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Partes del traje gallego del hombre

En cuanto al traje de hombre de esta época aparecen citadas como componentes del mismo las siguientes piezas:

  • Chupa: Era una especie de chaleco con faldas que llegaba hasta por debajo de la cintura. Se trata de una pieza común a todo el territorio español.
  • Chupín: Similar a la “chupa” pero más corto.
  • Casaca: Chaqueta larga que si ajustaba a la luz.
  • Calzón o calzas: Se trata de un pantalón que puede llegar hasta las rodillas o un poco por debajo de ellas. Llevan una abertura lateral que se cierra con botones o bien se ata.
  • Cirolas: Se trata de un pantalón exterior hecho normalmente de lino, estopa o bayeta. Llegan hasta la mitad de la pierna o hasta los tobillos, pudiendo ir sueltos o atados. No se deben confundir con los calzones internos que aparecen más tarde.
  • Polainas: Similares a las actuales. Se trata de una pieza de protección de la pierna teniendo en cuenta que las calzas no cubren, normalmente, la parte baja de esta. Van ajustadas de diversas maneras: en los trajes de fiesta suelen ser de paño yendo ajustadas con botones que pueden ser de metales ricos; en los trajes a diario son normalmente de cuero o de paja yendo, en el primer caso, sujetas con hebillas, y en el segundo simplemente atadas.
  • Sombrerete: Prenda común a todo el territorio ibérico con una función de abrigo. Normalmente tienen mucho vuelo lo que permite cerrarlas completamente. Como variante de la caperuza podemos considerar la “coroza”, con una función similar de protección contra el frío y la lluvia y compuesta por dos elementos: uno que cubre la cabeza y cae hasta más abajo de los hombros y el “cuerpo” que va desde los hombros hasta abajo. Están confeccionadas en paja sobrepuesta y guardan una cierta similitud con las “capas zamoranas”, si bien estas están confeccionadas en tela gruesa.
  • Sombrero: Es una pieza normal tanto en el traje de fiesta como en el de diario. Llevan una amplia somontano para proteger del sol y de la lluvia. En esta época no aparecen citadas en los documentos las “monteras” aunque si se hace referencia al “sombrero de pico” del que desconocemos totalmente la forma.
  • Calzado: En el traje de fiesta aparece citado el “borceguí”, zapato de cuero que llegaba hasta los tobillos. En el traje de diario no parece haber diferencia con las abarcas, zuecos o zuecos actuales.

TRAJE TRADICIONAL VS TRAJE REGIONAL

Como el propio nombre del título indica, no son lo mismo y conviene aprender a diferenciarlos. El traje tradicional es el de uso a diario y el traje regional se utiliza para coros, danzas, desfiles, grupos folclóricos...La manera más fácil de reconocer un traje es hacerlo a la manera regional, porque hay muchas tiendas que venden este tipo de indumentaria.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/gl/archive/4/43/20100604194805!Mui%C3%B1eira.jpg

Es muy común confundirlos, si te fijas en las fiestas en las que la gente se disfraza con el traje gallego, el 90% de las veces va con el regional. Cuando le preguntas de qué van vestidos/as es común que te digan “de gallega/o” o que te comenten que “así es como vestía mi abuela”. Estas personas se equivocan, una abuela “típica gallega” no tenía collares “made in china”, medias de espuma y el pelo cardado.

Ellas vestían con el traje tradicional o el de diario, que tiene las siguientes características:

  • Las costuras no pueden ir a máquina
  • Los ojales se hacen a mano
  • El terciopelo se cose a mano
  • Las polainas no llevan gomas
  • Evita el velcro
  • Los botones no pueden ser de plástico
  • Comprueba que la composición de los paños, fajas y faltas sean de seda, lana o algodón
  • La pasamanería tiene que ser de lana o seda, el poliéster está prohibido

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Traje gallego

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Traje gallego 2

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Traje gallego 3

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Traje gallego 4

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Traje gallego 5

BAILES

Galicia tuvo desde hace siglos notables coros y cuerpos de baile que recogían las melodías populares y las danzas campesinas, marineras, etc. Estas danzas se ejecutaban en las fiestas de las distintas comarcas gallegas. Existen diversas danzas que se suelen considerar gallegas como son la jota, la pandeirada, el fandango, el maneo, etc., pero sin duda el baile típico de Galicia entera es la muñeira. El nombre de “muiñeira” evoca las jornadas de trabajo en los molinos -en gallego muíños- y el ocio asociado a la espera de la molienda.

Suele constar de dos o tres partes: una para efectuar los puntos; otra las vueltas, que constan siempre de 16 compases. La muiñeira es siempre un alarde de ritmo, rapidez y vistosidad. Suele representarse en las romerías gallegas y fiestas, donde suele haber un ambiente tradicional y se recoge el costumbrismo popular.

La música suele estar representada por un cuerpo de gaitas que consta de: la gaita gallega, el bombo, el tamboril, lo más típico como instrumento es la pandereta.

Se acostumbra a bailar en parejas, aunque si el número de danzantes es mayor de 6, puede bailarse en círculo. Es una danza caballeresca, en la que el varón rinde homenaje a su acompañante con movimientos airados mientras ella se mueve más discretamente. Existen también variantes de la muñeira, como la riberana, donde la mujer danza a su aire, sin seguir los pasos del varón. Los movimientos de estas danzas, son a menudo nombrados como “tacón-punta-tacón” en alusión a los movimientos del pié que hacen los bailarines.

En las distintas comarcas adopta variantes, a veces muy profundas que la hacen de difícil ejecución. La muñeira de centro, por tanto, es más saltada, más ligera y con mayor libertad de movimientos. No respeta la forma de la muñeira de la zona galaica, en la que un bailarín hace de guía, marcando los pasos que los demás han de imitar. Sin embargo utiliza bastantes figuras de aproximación y alejamiento de la pareja, así como el bailar de perfil a la misma, que son dos características muy importantes de la muñeira Asturiana.

Una de las muiñeiras más características de Galicia es el espantallo. Es una danza campesina, con música popular, el traje que se utiliza es típico de la comarca de Noya y pertenece al siglo XVIII. Se trata de una danza inspirada en un espantapájaros. En medio del baile el espantallo cobra vida para bailar con las mozas. Es en realidad este baile un culto al sol, al agua por las buenas cosechas y el homenaje al espantapájaros que las protege. El traje del espantallo va cubierto de paja.

Aturuxo

El aturuxo es un grito que se utiliza en las fiestas y para darles ánimos a los bailarines. Suele ser fuerte, agudo y prolongado. No se sabe muy bien su origen, algunos apuntan que puede tener que ver con las manifestaciones musicales del norte de África. Por otra parte, también se cree que puede ser una posible herencia de las bandas militares de los suevos.